Sala 103.01
Marea negra

El 13 de noviembre de 2002 se produjo la mayor catástrofe ecológica de España, cuando el petrolero Prestige sufrió una rotura en su casco y comenzó a verter fuel al mar frente a las costas gallegas. Tras una cadena de desafortunadas decisiones de las autoridades para alejarlo de tierra, el buque se hundió en el Atlántico, provocando uno de accidentes de la historia de la navegación más devastadores para el medioambiente y una movilización social sin precedentes. El fotógrafo estadounidense Allan Sekula documentó el desastre en su serie Black Tide (Marea negra, 2002), un encargo del periódico La Vanguardia.

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El 13 de noviembre de 2002 se produjo la mayor catástrofe ecológica de España, cuando el petrolero Prestige sufrió una rotura en su casco y comenzó a verter fuel al mar frente a las costas gallegas. Tras una cadena de desafortunadas decisiones de las autoridades para alejarlo de tierra, el buque se hundió en el Atlántico, provocando uno de accidentes de la historia de la navegación más devastadores para el medioambiente y una movilización social sin precedentes. El fotógrafo estadounidense Allan Sekula documentó el desastre en su serie Black Tide (Marea negra, 2002), un encargo del periódico La Vanguardia.

El Prestige fue un buque liberiano operado por una naviera griega, con bandera de Las Bahamas, que transportaba 77000 toneladas de fueloil propiedad de una empresa registrada en Gibraltar: un modelo basado en pabellones de conveniencia, pésimas condiciones laborales y escaso mantenimiento de los barcos. A su paso por el corredor marítimo gallego, una vía de agua provocó su hundimiento y un vertido que afectó a más de 2000 km de costa entre el norte de Portugal y el suroeste de Francia.

Además del impacto ecológico, el derramamiento del Prestige desencadenó una doble reacción: por un lado, la respuesta solidaria internacional de los cientos de voluntarios que se sumaron a marineros y mariscadoras para limpiar durante meses el chapapote, y por otro, una movilización popular ciudadana que coincidió en el tiempo con las marchas antiglobalización y con el «No a la guerra» de Irak, conflicto bélico marcado también por el petróleo. La serie de Allan Sekula, de la que se muestra una parte, documenta ese trabajo de limpieza desinteresado y comprometido de los voluntarios en varias jornadas de diciembre de 2002.

El impacto del Prestige fue también político, ya que distintas asociaciones y colectivos, articulados a través de la plataforma Nunca Máis, consiguieron organizar acciones coordinadas y convocar a miles de personas en las manifestaciones celebradas en Santiago de Compostela y Madrid, en las que se exigía justicia y reparación. Todas esas movilizaciones estuvieron acompañadas de una importante labor de producción cultural, que llevó a cabo la Plataforma contra a Burla Negra, creada en noviembre de 2002, días después de la catástrofe. A partir del inventario, el estudio y la exposición de su archivo cultural, la asociación cultural Unha Gran Burla Negra presenta en la sala de exposición una selección de materiales para repensar y poner en valor uno de los grandes movimientos ciudadanos de nuestra historia contemporánea. Los materiales han sido seleccionados por María Bella, Daniel López Abel, Jorge Linheira y Germán Labrador, integrantes de ese colectivo.

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